El pasillo del quinto piso 🏥
“El pasillo del quinto piso 🏥"
El ascensor se detiene con un chirrido seco y las luces parpadean. Son casi las tres de la mañana, y el hospital parece más muerto que vivo. Bajas al quinto piso, aunque sabes que ese nivel está cerrado desde hace años. Te dijeron que no subieras, que los quirófanos de ese piso quedaron clausurados después del incendio. Pero el sonido —ese gemido leve, como un lamento arrastrado— venía de ahí arriba, y no pudiste ignorarlo.
Cuando las puertas se abren, un olor metálico y húmedo te golpea la nariz. Todo está en penumbra. Las camillas oxidadas están cubiertas con sábanas amarillentas. Caminas despacio, con el celular levantado, usando la luz de la pantalla como linterna. En el fondo del pasillo ves una sombra moverse, y un eco débil de pasos te responde cada vez que avanzas.
Te acercas a la puerta del quirófano 5B. El número está casi borrado, y alguien escribió con marcador negro: “NO ENTRE”. Aun así, empujas la puerta. Dentro, hay una camilla en medio del cuarto, con las correas sueltas y una sábana gris encima. Cuando levantas un poco la tela, un escalofrío te recorre el cuerpo: debajo, hay marcas de uñas sobre el metal, como si alguien hubiera intentado salir raspando.
Entonces lo oyes otra vez. Un suspiro, muy cerca de tu oído.
Giras en seco. No hay nadie. Pero el aire está más frío, como si el cuarto respirara. En el reflejo del vidrio quirúrgico, ves una figura detrás de ti: una mujer con bata blanca, el rostro ennegrecido por el humo, y los ojos abiertos de par en par, sin párpados.
No puedes moverte. Ella levanta una mano temblorosa y señala tu pecho.
“Devuélveme mi cuerpo”, murmura una voz rota, resonando dentro de tu cabeza.
Corres hacia el pasillo, pero las luces se apagan una por una, acercando la oscuridad detrás de ti. El ascensor no responde; el botón no enciende. Entonces miras por la ventana del pasillo: abajo, en la planta baja, tú mismo estás entrando al hospital… otra vez.
Y la mujer, justo a tu lado, sonríe con los dientes carbonizados.
“Esta vez no saldrás”, dice.
El pasillo se ilumina por un instante, y cuando la luz vuelve… ya no estás allí.
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