“El pueblo que nunca terminó la noche” Llegas a San Lázaro del Viento casi por accidente. Tu auto se quedó sin señal y sin gasolina, y el camino de terracería te llevó directo a un pueblo que no aparece en ningún mapa. Desde la entrada, notas algo extraño: todas las casas tienen las ventanas abiertas, pero las cortinas no se mueven con el viento. De hecho, no hay viento. Todo está inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido. Las calles están vacías. Ni perros, ni niños, ni voces. Solo un silencio tan profundo que te hace sentir intruso. Al caminar hacia la plaza principal, ves un letrero de madera clavado en el suelo. Las letras, medio borradas, dicen: “PROHIBIDO QUEDARSE DESPUÉS DEL SUSURRO.” No entiendes a qué se refiere, pero un escalofrío te recorre la espalda. Te acercas a la tiendita que está a un lado de la plaza. La puerta está entreabierta, y adentro parece haber luz. Empujas con cuidado. Un viejo está sentado detrás del mostrador, inmóvil, mirando al frente. S...