“El pasillo del quinto piso 🏥" El ascensor se detiene con un chirrido seco y las luces parpadean. Son casi las tres de la mañana, y el hospital parece más muerto que vivo. Bajas al quinto piso, aunque sabes que ese nivel está cerrado desde hace años. Te dijeron que no subieras, que los quirófanos de ese piso quedaron clausurados después del incendio. Pero el sonido —ese gemido leve, como un lamento arrastrado— venía de ahí arriba, y no pudiste ignorarlo. Cuando las puertas se abren, un olor metálico y húmedo te golpea la nariz. Todo está en penumbra. Las camillas oxidadas están cubiertas con sábanas amarillentas. Caminas despacio, con el celular levantado, usando la luz de la pantalla como linterna. En el fondo del pasillo ves una sombra moverse, y un eco débil de pasos te responde cada vez que avanzas. Te acercas a la puerta del quirófano 5B. El número está casi borrado, y alguien escribió con marcador negro: “NO ENTRE” . Aun así, empujas la puerta. Dentro, hay una camilla ...
📼 “Canal 58: Fuera de horario” En la ciudad, el canal 58 siempre terminaba su programación a medianoche. Después de los créditos, aparecía una pantalla azul con el mensaje: “Fin de transmisión. Buenas noches.” Una madrugada, a las 2:37 a. m., Julián, un técnico del canal, recibió un aviso de interferencia. Según los registros, alguien estaba transmitiendo desde dentro de la señal del 58. Encendió el monitor de control y sintonizó la frecuencia. La pantalla azul seguía allí, pero el texto había cambiado: “No apagues el televisor.” Pensó que era una broma interna, hasta que la imagen comenzó a parpadear. Se veía el estudio del canal… vacío. Las luces encendidas, las cámaras solas, el micrófono moviéndose apenas. El reloj de pared marcaba las 2:38. El mismo minuto exacto que en la sala de control. La señal se distorsionó, y una voz femenina habló con tono monótono: — “Buenas noches. Estás viendo Canal 58. No te vayas todavía.” Era la voz de la presentadora del noticier...
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