El susurro entre los árboles🌲
"El susurro entre los árboles🌲 ”
El sendero se estrecha cada vez más mientras avanzas. El bosque parece tragarse la poca luz que queda del atardecer. El aire huele a tierra húmeda y hojas podridas. Te dijeron que el camino hacia la cabaña era corto, que solo debías seguir las marcas rojas en los troncos… pero hace rato que no ves ninguna.
Sientes el primer escalofrío cuando el viento se detiene. Ni una hoja se mueve. Es como si todo el bosque contuviera el aliento. Entonces lo oyes: un murmullo suave, indistinto, como una voz que intenta formarse entre los árboles. Te giras, pero no hay nadie. Solo la sombra larga y torcida de los pinos.
Decides avanzar más rápido, pero algo dentro de ti comienza a dudar de la dirección. Los árboles parecen repetirse. Pasas junto a un tronco cubierto de líquenes… y juras haberlo visto antes.
De pronto, una risa se mezcla con el viento. No es una risa humana; suena como si las hojas mismas la pronunciaran.
Tu linterna parpadea. La apagas y vuelves a encenderla, pero ahora los árboles están más juntos, como si se hubieran movido mientras no mirabas. Entre las sombras, una figura delgada se desliza. Es alta, demasiado para ser una persona, y su piel parece hecha de corteza. Sus ojos son dos huecos oscuros que brillan con un reflejo húmedo.
Retrocedes un paso. El suelo se hunde bajo tus pies.
No es tierra. Es algo blando.
Apuntas la linterna hacia abajo… y ves una mano humana saliendo del suelo, los dedos retorcidos, como raíces.
La voz vuelve, más clara ahora.
“Devuélvenos la luz…”
El bosque entero parece susurrarlo, árbol por árbol.
“Devuélvenos la luz…”
Intentas correr, pero el camino desapareció. Solo hay troncos, infinitos, idénticos, formando un círculo. La figura se acerca, y notas que los rostros de los árboles tienen ojos. Son personas. Personas atrapadas, incrustadas en la madera, con bocas abiertas en un grito silencioso.
Uno de ellos te mira directamente. Tiene tu mismo rostro.
El aire se espesa, la linterna se apaga para siempre, y la oscuridad te traga con un suspiro.
Cuando el amanecer llega, el bosque vuelve a parecer tranquilo.
Solo un nuevo tronco húmedo, en el borde del sendero, muestra marcas rojas recién pintadas.
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